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miércoles, 29 de diciembre de 2010

recuento de daños (cuento)


RECUENTO DE DAÑOS


Es mi culpa me digo, debí haber corrido con su camisa limpia, quizás le faltó algo a la comida, quizás los niños hicieron mucho ruido mientras jugaban, pienso, mientras me deslizo desde la cama como una serpiente de seda , cosa que me resbale y no me sienta, me iré como es costumbre al baño, pues primero viene el conteo de los daños, ver que no me queden marcas visibles, ni nada que delate mi infortunio, aunque siempre que algo queda, expongo la misma historia, mi torpeza, que soy demasiado estúpida y me golpeeé con algo; abriendo el mueble de cocina, con la reja o el portón, con alguno de los niños, en fin, siempre digo algo diferente, por más poco creíble que parezca.
Una vez más, me convenzo a mi misma que la situación es sostenible, sé que llegará con algún presente al día siguiente, algo para la casa o los niños, algo que anestesie mi angustia y que permita seguir nuestra apacible vida matrimonial. Me digo “lo amo”, es el padre de mis hijos y más allá de un puñetazo o un zamarreo no pasará, en realidad nunca me ha golpeado hasta hacerme sangrar y si algún moretón queda es sólo porque dentro de mi torpe actuar intento infructuosamente protegerme la cara. No es una mala persona, las veces que me ha golpeado ha sido porque según él, estoy descontrolada, era para calmarme, para no reclamar por la cuenta que no pagó o porque levanté la voz más de la cuenta. No es bueno que los niños nos sientan pelear o discutir por cosas domésticas y él jamás grita, soy yo la que eleva el tono, la que provoca una respuesta tan abrupta, cuando trato de ser otro tipo de mujer y no la joven manipulable con la que se casó.
Tenía 18 años cuando nos fuimos vivir juntos y él fue mi primer hombre, el único que he conocido, el que despertó a la mujer y me descubrió en noche de estreno, si tan sólo pudiera volver a mirarlo con esos ojos enamorados o al menos sintiera que él me mira de la misma forma. Algo no hice bien porque ya no siento que me ame con esa pasión que lo hacía llorar pidiendo perdón y jurando amor cuando descubrí que me había engañado.
El tiene sus propios estándares de lo que una relación debiera ser. Sé que mujeres y hombres no somos iguales y que las mujeres sentimos mucho más que los hombres, que somos más de piel y abrazos, supongo que es bueno que uno de los dos mire la vida con ojos prácticos mientras el otro vive en la nubes como él dice. Yo soñaba con un ser romántico que en realidad nunca ha sido, siempre olvida las fechas importantes y creo que ya me acostumbré, ni siquiera recuerdo si mi aniversario es un día 13 o 14 de octubre, después de 14 años de matrimonio, no puedo recordarlo con claridad, me dice que son tonteras que uno debe celebrar mejor otras cosas como los cumpleaños o la navidad y que cuando se tienen hijos ya no se piensan esas cosas porque lo importante son los hijos.
Los hijos, tres para ser exactos, tres hijos nacidos de una relación de amor, porque sin amor los hijos no importarían, me habría dejado por alguna otra mujer sin importarle nada y el dinero no es un tema menor porque tres hijos son un gran gasto que él asume solo.
Ese día avanzo sin sobresalto alguno, hice todo cuanto creí que debía hacer, debo admitir que las cosas empiezan a olvidárseme, me levanté temprano, fui a la feria y compré lo necesario para su cena, le gusta la mesa servida cuando llega del trabajo, y después de los esfuerzos que hace para llevar el dinero a la casa y mantenernos a todos, creo que no pide demasiado. En verdad soy muy bruta, nada sacó con tratar de recordar que no hice, porque probablemente lo volveré a olvidar y sé que su puño se volverá a encontrar con mi piel…Yo sé que le gusta dormir hasta tarde así que mejor lo dejo así, si lo despierto quizás lo moleste…y sigo pensando en el recuento de los daños del día anterior, debo limpiar los restos del espejo que se quebró al empujarme y lavar esas sábanas, ¡no compré cloro!, y las manchas de sangre se pegarán…conteo, conteo, no quiero despertarlo…pero debo coser la camisa que se rompió cuando crucé el cuchillo…conteo, conteo, no hay nada que hacer, los niños se irán al colegio, debo darles el desayuno antes, sé que es inútil. La sangre no saldrá, así como las heridas que llevo dentro no sanarán jamás, de la misma manera que él no despertará … pero tampoco volverá a golpearme … nunca más.

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